Archivo de Restaurantes

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Un frito trujillano en el día de San Valentín

Frito trujillano

El día de San Valentín nos cogió a Mary y a mí en mil andanzas. Luego de un día agitado hicimos acto de presencia en el auditorio de la nueva Biblioteca Nacional del Perú para la presentación de Chullachaqui, el corto de Dorian Fernández. Luego de la proyección salí con Mary rumbo a la avenida Aviación para comer y tomar algo rico. San Borja a las diez de la noche era un hervidero de gente que se apiñaba en los restaurantes para darle a la lengua, casi todos los lugares habían adornado sus entradas con globitos rojos y flores de bienvenida, el soundtrack que calzaría a la perfección sería Love is in the air. Por una noche había que ceder ante las huestes de Cupido.

Caminando por Aviación comprobé que todo estaba invadido por pollerías, sangucherías y lugares especializados en carnes, con escasos chifas de tanto en tanto, la verdad que a mi me apetecía algo distinto, comida criolla de preferencia, ¿encontraría un restaurante así? Justo cuando ya empezaba a rendirme hallamos un local pequeño en la cuadra 28, casi llegando a San Borja Norte, se trataba del restaurant trujillano La brisa del mar ¡por fin algo distinto!

Sin pensarlo mucho entramos para probar suerte, a esas horas ya casi no había comensales, unas ocho o diez mesas con cuatro sillas cada una y el infaltable televisor dominando la escena. Al toque pedimos la carta y me lamenté porque el plato del jueves, sancochado especial se había acabado, quedaban varias opciones y para ir decidiendo pedimos un par de pisco sours (6 soles cada pisco)

Al final nos decidimos por un Frito trujillano con yucas (15 soles), compuesto por dos chuletas de cerdo, abundante ración de yucas suaves y crocantes y como guarnición choclo desgranado y salsa de cebollas, para acompañar ordenamos un tamalito trujillano (3 soles)

Aquí señalaré que a mi las yucas cocidas o fritas siempre me han gustado, cuando era niño mi madre reemplazaba el pan por yuca sancochada y desde entonces me ha quedado el gusto por consumir yuca en sus variadas presentaciones, creo que eso decidió la elección del plato, la idea también era probar algo distinto.

El pisco sour estaba buenazo, aunque a Mary le gusta más el vino igual disfrutó nuestra bebida de bandera. Me he dado cuenta que cada vez se hace más usual comprar un buen pisco acholado o quebranta en la oficina para compartirlo con los amigos en las largas noches de trabajo, algo de rollo nacionalista hay en esto. Al rato nos trajeron el tamalito acompañado de bastante cebolla. El tamal muy rico, eso sí, no le vi lo trujillano por ningún lado.

Frito trujillanoNo esperamos mucho para ver llegar el plato estrella, una buena ración de carne de cerdo con yucas y choclo. Sin ser gigante, cubría racionalmente el hambre de dos comensales. La carne estaba bien cocida y condimentada, pero las yucas fritas estaban fenomenales, se deshacían con facilidad en la boca, crujiendo al morderlos, una delicia. El choclo también daba la talla. Nada que objetar: un buen plato, adecuada recompensa para una noche que podría haber terminado entre cuartos de pollo o anticuchos con papas. (No es que no me gusten esos platos, es que esta noche no era su noche)

De acuerdo a lo que averigué en la red, para un buen Frito Trujillano se debe usar el costillar del cerdo, macerándolo durante dos horas en una base de ajies panca y mirasol soasados, ajos, sal y pimienta, todo bañado en vinagre, luego se lleva a la parrilla o sartén para freirla adecuadamente. Existen variantes que plantean cocer antes la carne y freirla luego, en todos los casos se recomienda servir con yucas fritas y cebolla.

Para culminar la crónica diré que la atención fue esmerada, el volumen de la TV no muy alto para poder conversar, igual se filtraban a cada rato los gritos de Phillip Butters anunciando el julbo de rigor, imposible lidiar con el enemigo. Pagamos con tarjeta de crédito y comprobamos que se entregaba factura o boleta.

Si desean saberlo la carta incluía varias opciones de pescados y mariscos, comida regional norteña, cuy, pichón y otras carnes, todo en rangos de precios de 10 a 30 soles además de entradas y tragos a precios razonables, me quedé con las ganas de meterle el diente a una sangrecita de 6 soles o a probar un caldo de sancochado de 5 soles. Cada día de la semana ofrecen una variedad de especialidades que tienen precios atractivos, no más de 20 soles (con Inka Kola incluida) En resumen un buen sitio que visitaremos para seguir descubriendo su sazón y para ver si el veredicto inicial se mantiene en pie. Ya lo saben La brisa del mar en el número 2887 de la Av. Aviación en la Lima de nuestros amores. Buen provecho.

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